Diálogo y conflicto político

La palabra diálogo ha sido escuchada recurrentemente desde inicios de 2016. Para unos, es una discusión que busca llegar a un convenio. En nuestro país se inició desde el mes de septiembre del año pasado, un proceso de diálogo entre la oposición democrática representada por la Mesa de la Unidad, MUD y el sector gubernamental u oficialista. Desde esta perspectiva, el Consejo de Redacción de la revista Comunicación decidió plantear el tema del diálogo, de la participación y de los procesos de negociación en el contexto venezolano actual.

Mariela Matos Smith

 Hemos decidido invitar a participar en este “Hablemos” a Elsa Cardozo, licenciada en Estudios Internacionales, doctora en Ciencias Políticas de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y profesora titular jubilada de la UCV. En esa casa de estudios fue cofundadora y coordinadora del postgrado de Relaciones Internacionales y Globales; ha sido directora de la escuela de Estudios Liberales de la Universidad Metropolitana, profesora e investigadora en el campo de las relaciones internacionales, política y diplomacia latinoamericana e historia y análisis de la política exterior venezolana de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y de la Universidad Simón Bolívar (USB).

 También está con nosotros Ramón Piñango, doctor en Educación por la Universidad de Harvard, tiene un máster en Sociología de la Educación por la Universidad de Chicago y es licenciado en Sociología por la UCAB. Actualmente se desempeña como profesor titular permanente del Centro de Gerencia y Liderazgo del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA). Es especialista en el comportamiento organizacional, con particular interés en liderazgo y en

Hablemos 1

Elsa Cardozo,  Alonso Moleiro, Ramón Piñango, Francisco Alfaro y Marcelino Bisbal    

organizaciones positivas. Asimismo, le interesa la resiliencia y organización en los entornos adversos y en empresas familiares, y la relación que existe entre las organizaciones y el contexto sociocultural.

 Contamos con la participación del periodista y analista político Alonso Moleiro. Egresado como periodista de la UCV, trabajó durante cinco años en el diario El Nacional. Fue director de la revista Contrabando y colaborador eventual de publicaciones culturales y urbanas. Publica en la revista Clímax, en el diario Tal Cual, en LaPatilla.com y en El Estímulo. Actualmente se desempeña como profesor del programa de Estudios Avanzados de Periodismo de la UCAB. Conduce un programa radial en Unión Radio junto a María Fernanda Flores llamado “Gente de palabra”.

 Por otro lado, se encuentra con nosotros el politólogo Francisco Alfaro, egresado de la UCV. Doctor en Estudios de Paz y Conflictos por la Universidad Jaime I de Casteló en España. Cursó la maestría de Historia de Venezuela en la UCAB. Hoy se desempeña como investigador del Instituto de Investigaciones Históricas de la USB.

 Nos acompaña también el historiador Tomás Straka quien es investigador de la UCAB, donde también dirige las maestría en Historia de Venezuela. Individuo de Número de la Academia Nacional de la Historia, es columnista en varias publicaciones y portales. Ha sido investigador invitado en la Universidad Nacional Autónoma de México y Profesor visitante Erasmo. Tiene en su haber diversas publicaciones.

Marcelino Bisbal:

 Este “Hablemos” lo hemos dedicado al diálogo, al acceso y a la participación, visto desde la perspectiva comunicacional, lo que no impide que pueda analizarse desde otra mirada. Formularemos a continuación cinco preguntas generadoras de la reflexión y así empezar el intercambio de ideas. Sin embargo, siéntanse con suficiente libertad para escoger el ángulo que se considere oportuno para reflexionar sobre la temática propuesta.

 Una primera interrogante que nos hacemos desde el equipo editorial de la revista, es de tipo conceptual. Estaría ubicada en respondernos: ¿qué entendemos por diálogo? ¿Cuáles son las diferencias entre los términos diálogo, negociación y arbitraje? O si, de lo contrario, ¿significan exactamente lo mismo?

 La segunda pregunta. Esta iría más bien desde una óptica comunicacional: ¿qué papel juegan los medios de comunicación social tanto los viejos medios o los mass media como los nuevos medios o more media y las redes sociales en el tema del diálogo, del arbitraje o de la negociación? ¿Son estos medios generadores de diálogo o propician todo lo contrario?

 Una tercera interrogante. Desde la situación política que vive el país: ¿para qué abrir un espacio de diálogo en nuestro contexto? ¿Se rompió el diálogo en la Venezuela del presente? Y si consideramos que no hay diálogo, ¿qué podemos hacer?, ¿cuál es la alternativa frente a esta situación?

Una cuarta pregunta estaría en la vía de pensar si es oportuno o no un diálogo en este momento. Es decir, respondernos si verdaderamente ¿estamos a tiempo, en la Venezuela de hoy, para que podamos tener un proceso de diálogo, de negociación, de arbitraje visto desde el conflicto en el cual estamos inmersos? Y finalmente, indagar en el tema de la legitimidad de los sectores que, en un momento dado, dicen sentarse a dialogar.

Elsa Cardozo:

 Quisiera empezar diciendo que vine a este “Hablemos” más a escuchar que a hablar, para aprovechar la circunstancia y el espacio dispuesto para ello. Esto me hizo pensar en diversas experiencias internacionales para poder mirar con profundidad la situación venezolana desde esa perspectiva. He trabajado la temática de casos, situaciones de transición, transiciones exitosas y no exitosas, largas y complicadas.

 El primer punto que quiero resaltar es que cada una de las preguntas que hace Marcelino Bisbal hoy hay que responderlas desde el caso de Venezuela, desde lo que nos pertenece y es nuestro. En pocas palabras, desde lo peculiar de nuestra situación. Una situación que tiene su peculiaridad por las características de la sociedad, de la historia que tiene y desde donde surge todo esto que no es otra cosa que el contexto nacional, particular, coyuntural, peculiar de nuestra situación. Dicho esto, es interesante analizar otras situaciones. Analizarlas como referencias que nos ayuden desde las teorías que se han ido haciendo y trabajando como generalizaciones elaboradas a partir del estudio de muchos casos. Yo no soy una experta en tránsito o “transitóloga”, ni un fiscal de tránsito; y más allá de los nombres que se le den a estos estudiosos del caso hay gente muy especializada en el tema. Yo no estoy en esa situación y lo he visto siempre desde la perspectiva venezolana, para bien o para mal.

 Por tanto, intentaré responder todas las preguntas desde algunas ideas que podemos mirar en conjunto. Todas abordadas desde las experiencias internacionales. Las primeras serían ¿qué entender por diálogo? ¿Qué tiene que ver diálogo con transición? La transición es entendida como cambio de un régimen no democrático a uno democrático, al menos así lo estoy entendiendo yo. Debemos recordar que no todas las transiciones a la democracia son realmente democráticas. Han existido unas que no lo son y han estado guiadas hacia la democracia. Ejemplo de ellas sería el caso famoso de Portugal que siempre se cita por la rebelión militar que implicó. Tenemos también situaciones de violencia, y pensamos en Centro América la de los años 80 que conducen a un descalabro mayúsculo donde terminan cayendo los regímenes de fuerza en América Central que conllevan a una transición. Pero digamos que no todas las transiciones son cocinadas democráticamente; para serlo se requiere del diálogo.

Hablemos

ALONSO MOLEIRO. El diálogo en la política venezolana es un instrumento mal comprendido, puesto que las audiencias en Venezuela tienden a interpretar al diálogo como capitulación (…)

Alonso Moleiro:

 Después de escuchar la completa intervención de Elsa Cardozo, decidí que intentaré constreñir las interrogantes en una sola reflexión y colocarla en la situación que nos ocupa que es la venezolana. Me gustaría hacer unas salvedades antes de llegar al centro del asunto. El diálogo en la política venezolana es un instrumento mal comprendido, puesto que las audiencias en Venezuela tienden a interpretar al diálogo como capitulación: “Ya yo me senté a pactar un acuerdo electoral”; una cosa mediana y oscura, un discurso de los años 90, algo un tanto anti político. Esa es una primera salvedad. Cuando alguien invoca la necesidad del diálogo, las masas por llamarlas de alguna manera se ofenden, se irritan y eventualmente interpretan las cosas como no son. En una primera instancia, el recurso del diálogo, durante muchísimo con una tarea no hecha. Además es responsabilidad directa de varios dirigentes conspicuos de la Unidad el empeño de hacer de la MUD exclusivamente un frente electoral.

 Debemos salir un poco de cierta visión inmediata, proselitista y, por consecuencia, un poco festiva. Estamos frente a una situación de altísimo riesgo que lleva a muchos a no entender que no vivimos en un régimen como el perezjimenista, sino más bien tenemos un aparato político muy represivo en unas circunstancias de dictadura “técnica”. Considero que aún en estas circunstancias se puede producir, y hay espacio para generar salidas políticas. Pero está claro que el oxígeno para esa producción política en Venezuela está escaseando. ¿Qué ha hecho el Gobierno 

cuando la MUD obtuvo la victoria electoral? Ser unos cara dura y esconder la llave de “aquí no hay más elecciones”. Cuando tú le quitas a una oposición la llave, le quitas su razón de ser. Entonces, esta se pierde dando vueltas en torno a sí misma porque no tiene la llave, no tiene salida, no tiene fecha. Es un frente creado para eventualidades electorales. Cuando la fecha llega la oposición recorre todo el país, pone su mesa, distribuye los acuerdos y toma decisiones.

 No vivimos un momento normal y esto es una gran falla de la MUD, un debate que tiene la sociedad opositora desde hace muchísimo tiempo. Estamos claros de que llegando un mes como noviembre, si te asistes de una herramienta que es la electoral frente a una complejidad, entonces pierdes tu capacidad de influir en las masas por no tener un aparato político en el que los partidos tengan un poco de soberanía propia en aras de la institución unitaria y acordar, cosa que por cierto es muy difícil, una visión estratégica conjunta. Porque sucede que hay visiones distintas. No necesariamente es que hay un grupo de sinvergüenzas, sino que existe gente que tiene una interpretación de los hechos que es distinta. Yo no la comparto en particular, pero diría que en ese contexto, la falla grave de la oposición en esta circunstancia es que la MUD debió tener desde hace un tiempo una estructura política más adecuada a la gravedad del problema. No necesariamente tiene que ser un aparato clandestino, pero sí tomar en cuenta que el Gobierno inició el trayecto para cambiar de idioma. Y el aparato político o el aparato unitario, el vínculo que va a tener con las masas, su capacidad de convocatoria va a depender de su eficacia, de la rapidez para tomar decisiones y del camino que oriente. Son muchos factores que están en contra en este sentido. Un ejemplo, Henry Falcón se presenta a la mesa de negociación sin que nadie lo llame. ¿Qué falta de seriedad es esa? ¿Cómo un político se va a presentar a negociar sin que lo estén llamando? ¿Qué demostración de inconsistencia política tan enorme está dando la MUD cuando el negociador se presenta así? “A mí nadie me llama pero estoy aquí”. Ese es uno de los varios temas.

 Hemos visto que por el contrario, el Gobierno ofrece una visión mucho más compacta, una dimensión de la visión política más profunda y una unidad de propósito más honda. Probablemente con asesoría internacional.

ALONSO MOLEIRO. Estamos frente a una situación de altísimo riesgo que lleva a muchos a no entender que no vivimos en un régimen como el perezjimenista, sino más bien tenemos un aparato político muy represivo en unas circunstancias de dictadura “técnica”.

Ramón Piñango

 Después de escuchar a Elsa y a Alonso me viene a la memoria una frase de Mark Twain que decía “qué felicidad la de Adán, que era el único hombre que podía pensar y decir cosas que nadie había pensado y dicho”. Así que me perdonan si reitero cosas dichas que me precedieron. Como muy bien señaló Elsa, en una democracia, el diálogo es fundamental. La democracia no promete bienestar siquiera. La democracia no promete nada; lo que promete en sí es algo muy simple, un mecanismo para llegar a acuerdos sobre posiciones diferentes acerca de responder ¿cuál es la realidad? y ¿cómo mejorar la realidad? Esa es la promesa fundamental de una democracia. Las distintas apreciaciones que podemos conversar, eso es todo. No promete desarrollo, ni bienestar, ni nada. Más bien, busca que no nos matemos y que podamos llegar a un acuerdo de alguna manera. De ahí se derivan una cantidad de cosas importantísimas.