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Actuante 

Un país que se está acostumbrando a morir en manos de otros muertos.

VIVENES

Sostiene Edgar Morín que saber ver requiere saber pensar lo que se ve. Saber ver implica, pues, saber pensar, como saber pensar implica saber ver. Saber pensar no es algo que se obtiene mediante una técnica, receta o método. Saber pensar no es solo aplicar la lógica y la verificación a los datos de la experiencia. Esto supone también saber organizar los datos de la experiencia.

Indudablemente José Vivenes, artista de una alta calidad en sus ejecutorias, se ha transformado en el mas relevante cronista visual de tiempos tan rudos y revueltos, por su carga de violencia y muerte, como los que actualmente vive Venezuela. En su última muestra, Actuante, a través de sus dibujos, pinturas, monotipos y objetos, nos deja ver, que sabe ver, pensar y expresar lo que ve. Es un ensayo visual

Actuante, 2016

coherente. Imágenes crudas y certeras que despojan de sus máscaras a los actores de una realidad asediada por las moscas y la podredumbre. El hombre, en su afán de dominio y poder, siempre ha manipulado el ámbito de la mitología. Vivenes convoca en su propuesta iconos patrios. Desarticula mitos y dispositivos rituales. Los ubica para que sean reconocidos en su justa dimensión, más allá de la demagogia y de las palabras huecas del discurso politiquero. No les deja ver el rostro pero la Gestalt nos ayuda a reconocerlos.

Vivenes es un creador comprometido con la denuncia de la realidad social que golpea con saña al venezolano. Así lo expresa en su obra y en su pensamiento sobre lo que hace:

En Actuante priva un discurso visual, una reflexión sobre los avatares de una sociedad devorada por su instinto más básico. Se despierta, ante la carencia de lo esencial: el hambre y con ella la violencia y la pérdida de la poca calidad de vida a que aspirábamos. Todos somos potenciales víctimas de acciones y reacciones. Existen sectores sociales más vulnerables que otros, pero la individualidad es contenedora de la furia, sin saber cómo se mostrará el animal que nos habita.

Parte de esta sociedad juega a la política personalista. A la superficialidad desesperada de discursos decepcionantes que desarticula cualquier proyecto constitucional. Otro sector permanece en el poder, usurpando riendas políticas, económicas, sociales y culturales. Disfrazando la débil democracia con poder popular. Menguando cimientos institucionales y fragmentando la sociedad para buscar la culpa en otro. Arrastrando al abismo del fracaso a los poderes públicos que por más reorganización de gabinetes, nombramientos y vicepresidencias, no terminan de buscar escapatoria a la crisis que abarca toda la cartera institucional, repercutiendo

sobre cualquier estrato social. Somos un país a la deriva que es devorado por las dádivas, por la pérdida de valores, el nepotismo, el crimen organizado y la violencia.

Vivimos tiempos de hostilidad en los que penurias y ambiciones organizan el negocio para delinquir. Donde el intransigente accionar de los instintos básicos destapa la animalidad humana. Tiempos violentos en que la infancia feliz, las buenas costumbres, las tradiciones y la cultura son huérfanas en una nación deteriorada por el irrespeto a sus leyes. Como acertadamente puntualiza Willy McKey: Un país que se está acostumbrando a morir en manos de otros muertos.

Víctor Hugo Irazábal

irazabalzu@yahoo.com

 

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