La devastación chavista: transporte y comunicaciones

Autor: Gustavo Hernández Díaz

Hernández Díaz explica por qué debemos leer el libro de Pasquali: “expone de manera pormenorizada un período abyecto de la historia contemporánea de Venezuela (…) que lleva dieciocho años devastando todas las modalidades de transporte inventadas por el hombre incluyendo comunicaciones postales, impresas, telefónicas, radioeléctricas y electrónicas”

Transporte y comunicaciones son servicios sistémicos y no puntuales, afectan transversalmente todos los compartimientos del humano quehacer, pueden acelerar o lentificar su devenir, hacerlo rentable o improductivo, ganador o perdedor.

Antonio Pasquali, 2017

Existen, por lo menos, tres razones para leer la La devastación chavista: Transporte y comunicaciones (UCAB/Libros El Nacional, 2017) de Antonio Pasquali. Tres razones que expongo sin orden jerárquico y el lector de este libro, público en general, profesores, investigadores y estudiantes, hallarán motivos suficientes para incorporar otras constataciones a la lista de devastaciones de los gobiernos chavistas:

Uno, es un libro que expone de manera pormenorizada un período abyecto de la historia contemporánea de Venezuela, en un siglo XXI, aún joven, muy rápido y líquido, como lo piensa el recordado Zygmunt Bauman, pero que para los venezolanos ha sido, sin dudas, una eternidad colmada de incertidumbres y calamidades. Es un período abyecto que lleva dieciocho años devastando todas las modalidades de transporte inventadas por el hombre incluyendo comunicaciones postales, impresas, telefónicas, radioeléctricas y electrónicas.

La devastación chavista… es un libro “memorándum”. “En estas páginas (expresa Pasquali) hallará el lector suficientes datos y cifras confirmatorios de que las dictaduras chavistas intentaron desfigurar, manipulando en su base los transportes y las comunicaciones, de-socializando el país y sembrando odio de clase, la espontánea y democratizada intersubjetividad del venezolano con propósitos de dominación política militar-comunista, y este es el memorándum que nosotros, las víctimas de esa peligrosa manipulación, deseamos remitir a las generaciones futuras”.

Dos, La devastación chavista: Transporte y comunicaciones es un libro que resulta un aporte sustantivo para la investigación en comunicación en Venezuela. Propone Antonio Pasquali, con ánimo constructivo, que se requiere actualizar los pensum de estudio de las Escuelas de Comunicación de América Latina, insistiendo, en lo particular, en la asignatura “Economía de Transporte y Comunicaciones” y en la creación de “Observatorios críticos del devenir de lo electrónico / digital”. Propuestas que, según Pasquali, deberían ser encaradas con la urgencia del caso desde enfoques multidisciplinarios ya que: “compartimos con África la inexistencia de sistemas viales y ferroviarios que enlacen todo el continente”.

Cabe destacar que para Pasquali los términos “comunicación” y “transportes” son sistémicos en tanto inciden en todos los ámbitos del humano quehacer: “La vieja denominación ‘Ministerio de Transporte y Comunicaciones’ era inteligente y no ha perdido pertinencia. En el presente trabajo

La devastación chavista

empleamos frecuentemente el término ‘comunicación’ en sentido lato, incluyendo en él la noción de ‘transporte’. La transportación de personas o bienes materiales y la de inmateriales mensajes, ambas diligenciando un enviar y un recibir, son funciones gemelas de un mismo relacionamiento interhumano, cuya libertad suele preocupar a dictadores y déspotas de toda catadura. Esto justifica la decisión del autor de abarcar en toda su laxitud la presente crisis sectorial, hija de un mal gobierno, analizando los principales sectores de la actividad transportadora por un lado, y de la comunicacional por el otro”.

Tres, leer La devastación chavista: Transporte y comunicaciones es ingresar a uno de los temas medulares del profesor Antonio Pasquali y que atañe a la filosofía de la comunicación; y, concretamente, en lo atinente a la dimensión moral del comunicar. Pasquali, a partir de Kant y Demócrito, sostiene lo siguiente cuando se refiere a la razón instrumental y a la de-socialización y deshumanización de las comunicaciones autoritarias:

“Lo que hacía pensar a Kant, nada menos, que solo en el ámbito de la razón pura hay progreso y ninguno en el de la razón práctica, en la vergüenza, prudencia, sindéresis o recta conciencia moral que deberían guiar en todo momento la acción del hombre… Una verdad ya entrevista hace veinticinco siglos por un Demócrito que asignaba a la preexistencia de lenguajes la posibilidad de socializar. Si comunicar es socializar, reconocer la existencia del ‘otro’ y desear con-vivir con él tolerando sus diferencias, todo intento deliberado y planificado de incomunicar, producirá entonces, siempre y necesariamente, efectos de-socializantes y deshumanizantes, de lo cual se infiere que: limitar, modificar, confiscar, regimentar o conculcar fuera del contrato social, por coacción, nuestra natural propensión a emitir y recibir mensajes en toda libertad, es un atropello social y político de suprema gravedad, porque desfigura la base misma de mi posibilidad y manera de convivir con el otro, el comunicar”.

Antonio Pasquali “predica” su tesis de la dimensión moral del comunicar en su prolífica obra que se ha desarrollado desde hace cincuenta años. A mi entender las bases de la filosofía de la comunicación en Venezuela nacen con su trabajo Fundamentos gnoseológicos para una ciencia de la moral (1959).

Cito, a título de ejemplo, tres trabajos de Pasquali que refieren a la ética, la moral, la libertad y la deontología:

En Comprender la comunicación (Editorial Gedisa, 2007), Pasquali asevera: “Renunciar a pensar, o sacrificar educación, cultura o independencia informativa por el coste-beneficio es asegurarse a término aún mayor pobreza y dependencia. En el despiadado entorno actual, el que deja de pensar y de pensarse pasa inmediatamente a ser pensado y cosificado, a ser mero objeto pasivo del pensamiento ajeno”.

En otro libro, La comunicación cercenada. El caso Venezuela (Monte Ávila, 1ª. edición, 1990), Pasquali nos brinda una verdad apodíctica en torno a la democracia comunicacional:

“La verdad a plazo mediano es que el gobierno democrático que le habrá rendido el mejor servicio al país y a su propio partido, cosechando una verdadera gratitud ciudadana, no será aquel que se haga mejor propaganda o mantenga precarias alianzas con el poder privado de los medios, sino el que dote a Venezuela de comunicaciones modernas, participativas y mixtas, el que dé a los medios privados el buen ejemplo de seguir con excelentes servicios públicos, el que fomente la libertad y la calidad, la producción y la exportación de programas, así como la integración regional por las comunicaciones”.

Pasquali afirma que pensar en democracia es garantizar la libertad en sus condiciones básicas, a saber: “libre recepción de mensajes de cualquier origen, la libre escogencia de un código expresivo, la libre elección de un canal comunicante, la libre delimitación de los públicos perceptores y la libre elección de sus contenidos o mensajes” (“La libertad de recibir y emitir mensajes en el nuevo marco jurídico y político nacional, ponencia presentada por Antonio Pasquali en la UCV en el año 2007”).

Veamos enseguida, y de manera muy sucinta, lo que ha sido la devastación chavista en los ámbitos del transporte y las comunicaciones nacionales:

“1.- Transporte terrestre: la democracia abrió 71.200 km de carreteras, el chavismo 4.500 km. El parque vehicular venezolano es, en 2017, el tercero más vetusto y peligroso de América Latina después de Cuba y Haití”.

“2.- Transporte ferroviario: Chávez lanza en 2006 un faraónico plan ferroviario de 300 millardos de dólares, un plan fantasioso e inviable para un país que no existe. Se instalaron 2.000 km de vías inconexas, hoy todas al abandono porque en años de bonanza Chávez comenzó a acumular deudas y los contratistas chinos e italianos se fueron del país”.

“3.- Transporte acuático: absolutamente vital para un país que exporta 2 millones de barriles diarios de petróleo e importa vía mar el 95% de cuanto equipa, mueve, alimenta y cura. Chávez manejó 1.500 millardos de dólares y dejó a Venezuela sin marina mercante, liquidándola de cuajo”.

“4.- El transporte aéreo: nacional entró en zona de alerta amarilla: 63 aeronaves activas de 22 ó más años de uso y sobre-explotadas (5 vuelos diarios cada una), 55 naves en tierra y canibalizadas por falta de repuestos”.

“5.- Comunicaciones impresas: WAN señala un incremento actual de 4,5% en la circulación de la prensa latinoamericana con la excepción de Venezuela, cuyos diarios bajaron a 105 esencialmente por acoso judicial y administrativo del régimen al ser este medio la punta de lanza de la oposición”.

“6.- Comunicaciones postales: en realidad Ipostel fue una víctima más de la cesación de pagos aplicada por el régimen, en el campo comunicacional, a los ferrocarriles, los astilleros, las compañías de navegación, aéreas, telefónicas y de internet que prestaban o prestan servicios al país”.

“7.- Comunicaciones telefónicas: el operador histórico Cantv controla el 90% del DDN, el 42% LDI y casi el 80% de Internet. Chávez apresuró a renacionalizar la empresa, que ya había vuelto a ser eficaz y eficiente, para poder ejercer libremente el espionaje telefónico, y le impuso tarifas populistas que la arruinaron”.

“8.- Comunicaciones radioeléctricas: radio y TV, líderes de opinión, conforman el capítulo más turbulento y golpeado de las relaciones medios-poder chavista. Su más valiosa subyugación, las ‘cadenas’ presidenciales, un récord absoluto de Marconi a hoy. Recibió un misérrimo parque radioeléctrico público y lo convirtió en un imperio de al menos 27 radioemisoras y 15 televisoras que casi copan el dial”.

“9.- Comunicaciones electrónicas: hoy toda la expansión fisiológica de Internet y móviles resulta imposible, proveedores públicos y privados están impedidos de adquirir mejoras tecnológicas, hardware o repuestos; la imposibilidad en que se encuentran las multinacionales de repatriar ganancias pudiera obligarlas un día a tomar el camino de las once compañías aéreas tránsfugas”.  

Fuente: http://www.el-nacional.com