Voces e instancias narrativas, memorabilia para la civilización
Voces e instancias narrativas, memorabilia para la civilización
Esnaider Monterrosa   |    17 septiembre 2020  DOSSIER

Sumario

 

El lenguaje no son solo palabras: lenguaje lingüístico propiamente dicho. El lenguaje va más allá. Tiene una riqueza de expresión formidable y así lo demuestran, todos los días, los narradores y locutores de la radio, la televisión y el cine. Cuando ellos modulan de una forma u otra le están dando distintos sentidos a la escena o al relato. Este ensayo nos presenta la idea de cómo las distintas historias o cuentos narrados se constituyen en la prosa y la poesía de cuanto nos rodea. Y nos dice el autor a manera de colofón: “Debemos valorar y asimilar en mayor grado la construcción de todo ese discurso, rastrear sus códigos y facilitar su interpretación”.

 

Tal boca la recoge, y piano, piano, se lo encaja usted diestramente en el oído.

P. De Beaumarchais,

El barbero de Sevilla

 

Cualquier texto narrativo conlleva todas las posibilidades de la lengua, por lo que su abordaje desarrolla la creatividad, el sentido estético, y la capacidad crítica. Para este tipo de texto la comprensión va mucho más allá de la reconstrucción del contenido. Se centra en su intencionalidad y en las características intertextuales que además de presentar la información a difundir adquieren sentido por sí mismas (Actis, 1998: 9). En el cuadro sinóptico que reproducimos en el texto, echamos un vistazo al trabajo de narradores profesionales latinoamericanos poseedores de diversas competencias lingüísticas y culturales –todos son locutores comerciales y actores de doblaje– que frente al micrófono reivindican la legitimidad propia de cronistas de ayer, aedas del tercer milenio que dejan su impronta en los medios masivos para regocijo de nuevas pupilas.

Narrativas de lo cotidiano como material de instrucción

Tabla Dossier 2

Para orquestar este crescendo narrativo, veamos lo que cada locutor ha logrado en su nicho particular. Oseches, por ejemplo, nos da la bienvenida a cada uno de los 450 capítulos del dramático turco Dirilis Ertugrul (Resurrección) aclarando: “Los personajes y hechos narrados provienen de fuentes históricas. Ningún ser vivo resultó herido durante la realización de esta serie.”

 

Dicho esto, pasa a primer plano el tema instrumental a base de cuerdas y percusión con masa coral de voces oscuras. Tomas fijas y travellings de espadas, hacha, armadura, yunque, comida servida, cocina, fogón encendido y estandarte de tribu nómada Kayi vitalizan con su poética el peso de una leyenda que comenzó en el siglo XIII (Rondón, 2020: 10). Ertugrul arranca entonces con la aseveración nada fortuita de que el melodrama viene mezclado con las peripecias de aventuras características de Las mil y una noches. Veremos los rostros de los personajes antes de ver sus acciones y por los caracteres sabremos quienes son y qué hacen. Quienes amen al cine, o tal vez odien las fábulas con moraleja intrigante quedarán enganchados por la voz de Oseches. La suya es la del anticuario sacado de la épica, del cantar de gesta y a partir de ese epigrama cínico la advertencia cae en el espectador desprevenido como semilla que germinará en terreno fértil. Los próximos cincuenta minutos se vivirán como experiencia religiosa por cuanto hay tras ese momento único con repeticiones posibles (Eliade, 1964: 27).

 

Al inicio de La ley y el orden un fondo negro invade la pantalla. Sobreimpreso aparece el letrero: “The following story is fictional and does not depict any actual person or event”.

 

Oímos de inmediato la traducción a cargo del narrador en off: “Esta historia es ficticia y no representa a nadie en particular”.

 

El título de la serie de acción invade el campo visual mientras López Lezama intercambia su saber con la audiencia: “En el sistema de Justicia Criminal las ofensas sexuales son consideradas especialmente perversas. En la ciudad de Nueva York los detectives que investigan estos delitos son miembros de un escuadrón de élite conocido como Unidad de Víctimas Especiales”.

 

El locutor ha leído esas líneas en seco como avance informativo del policial que está comenzando. Y será precisamente la voz de ese narrador que no inhala las sílabas ni se muestra perezoso con las “eses” finales de cada vocablo –rasgo en español también conocido como síndrome de la “h” aspirada–, la que más adelante identifique lugar y fecha de acontecimientos en pleno desarrollo. Su modulación es eficiente pues sabe aumentar la potencia de su voz por la profundidad de la respiración.

 

Tratando ahora de acceder a otras instancias de articulación que jerarquizan contenidos disimiles nos topamos con parlamentos dichos por narradores que hablan en primera persona del plural. Observen la sencillez e inflexible convicción de párrafos como este:

 

Criaturas de la noche. Se ocultan en las sombras, listas para beber la sangre y arrancar la carne de sus presas humanas. Por siglos, la humanidad ha contado historias aterradoras de vampiros sedientos de sangre y hombres lobo enloquecidos por la luna. Pero ¿qué hay en estos dos monstruos tan diferentes que los ha convertido en parte tan importante de nuestras pesadillas? ¿Es porque también son… en parte humanos? ¿Podría ser que las mismas urgencias macabras que se ha dicho poseen, también acechen dentro de nosotros mismos? Bien, eso es lo que intentaremos averiguar.

 

Son palabras de William Shatner como anfitrión de Lo inexplicable (capítulo XX). Ese discurso en español dicho con el gusto, la pericia y la efectividad del primer actor Frank Maneiro plantea a la vez misterio y entretenimiento. Cualquier lectura que hagamos de esas líneas conlleva una reflexión teórica sobre la ficción literaria estilo Barthes (noción del autor, de préstamo, intertexto, polifonía); en definitiva, los mecanismos de apropiación en la construcción de un texto literario. Es algo que agradecemos como lectores convertidos en espectadores.

 

Así como en la ópera se dice a menudo que la música subraya los sentimientos del protagonista, en Lo inexplicable el semblante de Shatner se vuelve nuestro mejor indicio para apreciar las emociones de Maneiro. La pesadez o rigidez de garganta, esa angustia vocal que le oímos en nuestro idioma calza perfectamente con el rostro enigmático, la mirada inquieta, la frente arrugada, la actitud y la mímica del canadiense en cámara. A medio camino entre narrador omnisciente e investigador acucioso que acude al trívium periodístico sobre vampiros y licántropos, Maneiro cautiva a los fans del espacio dominical. ¡Quién sabe si tanto como a los radioescuchas que crecimos oyendo al maestro Porfirio Torres en Nuestro insólito universo! Ante cierta pretensión por desmerecer el prestigio de su obra el propio libretista y musicalizador del programa escribió alguna vez:

 

¿De dónde provienen los casos? Las revistas científicas, los archivos de la prensa diaria, el cable internacional y la misma historia están plenos de eventos que desafían aún el formidable desarrollo científico de nuestro tiempo. Por eso este libro donde hemos recogido algunos casos que consideramos de interés. Aunque se han ampliado las informaciones originalmente condensadas para el formato radial de 5 minutos, en otras se han mantenido tal cual, eliminando solamente las indicaciones propias del medio radiofónico. Se han mantenido en todos los casos el lenguaje simple y llano de los scripts originales y por eso pedimos de antemano indulgencia para los errores de estilo. Nos fascinan y maravillan las cosas inexplicables de nuestro universo y en esta forma sencilla queremos llevarlas a los que comparten nuestra afición. Eso es nuestro propósito. (Sylva, 1972: 10-11)

 

Lo que estaba en jaque no eran los relatos de Sylva específicamente, sino cierta pedagogía simetrizante que minusvaloraba el formato radial tan popular entre nosotros y por el que tantos venezolanos habían descubierto, disfrutaban y comprendían la articulación de contenidos fuera del aula, obra, temas y autores antes vistos como patrimonio exclusivo de la lerda educación tradicional. Era lo que Actis calificaría en los años 90 como contrapuesta de hecho (Actis: 30).

 

Llegamos así a otra forma de narración en la que abundan apoyaturas ascendentes y descendentes, retardos y anticipaciones respecto a la armonía de la referencia (voz original). El Dr. Sanjay Gupta, médico corresponsal de CNN quien conduce los 25 documentales rodados en Asia, África, América, Europa y Oceanía, casi siempre concluye sus intervenciones en inglés en larga nota precedida de apoyatura descendente. Rondón lo ha doblado al español neutro latinoamericano con dicción clara para que entendamos cuanto dice el facultativo de Michigan. Mantiene arriba la vena entusiasta del médico locuaz sin descuidar los cambios de ritmo cuando este entrevista o dialoga con celebridades como el Dalái Lama. Trata con medida espontaneidad la adicción a los videojuegos como trastorno clínico, o formula preguntas curiosas al calor de la videoconferencia con el astronauta Scott Kelly en la estación espacial internacional de la NASA a 320 km de la superficie terrestre. Con gracia y simpatía pasa de tópicos como las enfermedades zoonóticas, el trasplante de células madre, la inteligencia artificial, la ingesta excesiva de azúcar u operaciones oftalmológicas a bordo del Flying Eye Hospital, a la incidencia de lesiones cerebrales en adolescentes por culpa del fútbol, el maridaje medicina-tecnología robótica y la investigación para revertir enfermedades cardiovasculares.

 

Por último, el Sr. Moya –quien ha doblado en 29 ocasiones a Morgan Freeman– inculca en la audiencia valores reconocidos por quienes familiarizados con la novela de H.G. Wells, Guerra de los mundos (1898) y la polémica adaptación radial de Orson Wells (octubre 1938) ahora disfrutan por partida doble el párrafo inicial reescrito para la cinta del 2005. Obviamente Moya conoce a pie juntillas las manías, tics y pausas del afroamericano para respirar, matizar inflexiones y explotar un leitmotiv por aquello del suspenso. Ello hace de su lectura en esta ocasión algo que trasciende lo meramente didáctico. Esta introducción crea la atmósfera subyacente en el resto del film dirigido por Spielberg. Moya lee con timbre claro, sonoro y suave:

 

Nadie habría creído en los primeros años del siglo XXI que nuestro mundo estaba siendo observado por inteligencias superiores a la nuestra; que mientras los hombres atendían a diversos asuntos estas los observaban y los analizaban tal como un hombre a través de un microscopio estudia las criaturas que se agitan y multiplican en una gota de agua. Infinitamente satisfecho de sí mismo el hombre iba y venía por el globo seguro de su dominio sobre el mundo, pero a través del abismo del espacio intelectos vastos, fríos y hostiles contemplaban nuestro planeta con ojos envidiosos y lentos, pero seguros trazaban sus planes contra nosotros. La guerra de los mundos (Spielberg, 2005)

 

De acuerdo a la teoría del lenguaje de Román Jacobson, la función de este texto sería emotiva porque el lenguaje empleado expone intuiciones e impresiones del emisor con respecto a una realidad determinada, de manera emocional tratando con ello de convencer o persuadir al interlocutor o destinatario (Hernández Díaz, 2014: 72). Y estamos de acuerdo. La pronunciación del narrador se nos antoja poco menos que perfecta tanto como su fraseo, acentuación y juego teatral estilo Nostradamus. Ha evitado la monotonía en la elocución con gradaciones –cambios de tono perceptibles– para conferir mayor importancia o significado a ciertas palabras dentro de la última frase (“vastos, fríos y hostiles” […] “envidiosos y lentos” […] “trazaban sus planes”). En suma, se trata de una lúcida enseñanza para quienes de hecho sobrevivan al ataque alienígena. Fiel al genotexto el guión cinematográfico se adhiere al argumento novelado por Wells: quién se atreva a invadir la Tierra para esclavizarnos o exterminarnos como especie sufrirá a manos de agentes patógenos que nosotros vencimos hace tiempo. Por boca de Wells, Moya nos recordará entonces con el epílogo que quizás lo más importante en esta vida sea la ardua tarea de rescatarnos como individuos y como árbitros de nuestro propio destino. Como narrador lineal Moya no obnubila, hace difícil regresar al punto de partida serenamente, sin que haya habido perturbaciones sintácticas. Su evocación parece proporcionarle cierto equilibrio pues el recuerdo de lo evocado le permite poseer los hechos que está recordando. A fin de cuentas, “[…] el hombre iba y venía por el globo seguro de su dominio sobre el mundo”, esa fue la conceptualización esbozada como experiencia de prelectura en el prólogo.

 

He aquí entonces una brevísima antología de “clásicos” antiguos y modernos, parte de una diminuta herencia común occidental que podría apuntar a un saber más o menos cosmopolita apto para el cultivo del lector de novelas populares, el cinéfilo y el televidente que hoy han migrado a otras plataformas digitales tras contenidos épicos, literarios, serie negra, ciencia ficción o de divulgación científica como paradigmas de la producción audiovisual (Rondón, 2014: 63). En todas esas narraciones se oyen murmullos, se apagan conversaciones y queda suspendido en el aire el gorjeo de algún pájaro acomodándose en su nido. Probablemente nuestras plegarias por un ser querido que se nos fue la semana pasada o el tañido de campanas al atardecer nos dibujen nuevas sonrisas. Diríamos entonces que es la vida misma que nos ha hecho partícipes, oyentes e intérpretes de esta banda sonora. Estas narraciones son la prosa y la poesía de cuanto nos rodea, nos instruye y nos deleita. Como homo sapiens ellas nos dignifican en estos tiempos de cuarentena y distanciamiento físico. Así lo ratificaba hace poco en redes sociales el señor Ricardo Darín al referirse a los óleos, la música, las esculturas y el apasionante universo de ficción que pronto saldrá a nuestro encuentro.

 

Esto fue lo que se nos ocurrió escribir como acercamiento a lo que circula en radio, TV y cine desde este hemisferio hacia el resto del globo. Debemos valorar y asimilar en mayor grado la construcción de todo ese discurso, rastrear sus códigos y facilitar su interpretación ahora que gracias a las nuevas tecnologías multimedia e Internet esa integración imagen-audio está al alcance de millones de seres. Instagram, Pinterest, Netflix y otras aplicaciones se han ido sumando progresivamente a esta avalancha de videocultura y el audiovisual, bajo sus múltiples formatos, trascendió las fronteras del ocio cultural y hoy invade prácticamente todas las actividades humanas (Aguirre, 2016: 23). Semejante interdisciplinariedad comunicativa ha abierto las ventanas de acceso a esa escritura que ya convocó a nuestras voces y ahora propicia una relación distinta con la cultura gracias al oído y las ávidas miradas de ustedes, damas y caballeros.

Referencias

 

ACTIS, B. (1998): Literatura y escuela: de la enseñanza media al polimodal. Rosario: Homosapiens Ediciones.

 

AGUIRRE, J. M. (2016): Comprender la sociedad red: comunicaciones y educación. Caracas: Fundación Centro Gumilla.

 

ELIADE, M. (1964): Tratado de historia de las religiones. Traité D’Histoire Des Religions (Tomás Segovia, TRAD). México D.F.: Ediciones Era S.A.

 

HERNÁNDEZ DÍAZ, G. (2014): “La televisión se narra en la escuela”. En: revista Comunicación N°167. Caracas: Fundación Centro Gumilla.

 

RONDÓN, A. E. (2014): “Justified: el triunfo de las series en la TV por cable”. En: revista Comunicación N°167. Caracas: Fundación Centro Gumilla.

 

________ (2020): La apoteosis de un villano en Dirilis Ertugrul. Caracas: Edición del autor.

 

SYLVA, R. (1972): Nuestro insólito universo. Caracas: Ernesto Armitano Editor.

Alí E. Rondón

Profesor de Idiomas, IPC (1975) Master en Literaturas Americana y Británica por el GSAS, New York University (1981). Profesor de Postgrado en Comunicación Social, Universidad Católica Andrés Bello. Miembro del Círculo de Escritores de Venezuela. Traductor, locutor y actor de doblaje.